
El maltrato a un adulto mayor puede ser físico, en distintos grados, desde un empujón a una paliza, latigazos, laceraciones, pinchazos, fracturas, evidencia de medicación excesiva, quemaduras, desnutrición, deshidratación, escaso cuidado personal, abrigo inadecuado, ect.
También puede ser sicológico, como amenazas, insultos, menosprecio, aislamiento, falta de seguridad y afecto, órdenes crueles, negativa por parte de la familia o de los cuidadores a que los ancianos reciban visitas, o salgan a alguna actividad. Esto trae como consecuencia una reacción por parte del anciano que puede ser miedo, resignación, confusión mental, irritabilidad, depresión.
Asimismo, existen otras causas de maltrato, como es la explotación o mal uso de los ingresos o de otros recursos financieros, en la mayoría de los casos el anciano traspasa a otra persona la gestión de sus asuntos económicos y como resultado puede ser engañado o que se le dé un mal uso a sus ingresos.
En los adultos mayores el concepto erróneo, a veces, de someterse a lo que digan los hijos, se une el miedo, la vergüenza, el aislamiento social, la incapacidad y la edad; factores que juegan en contra del anciano, tampoco reconocen los malos tratos en muchas ocasiones, ni se quejan de los abusos y negligencias, por el temor a que les falte atención en el futuro (aunque sea abusivo) y por miedo a represalias o a ser ingresados en una institución.
Un anciano, es fácil que se sienta a sí mismo, como alguien que ya no cuenta mucho para los demás porque percibe que los demás no cuentan con él y a nivel familiar, que es el lugar donde aún podría sentirse tomado en cuenta, la nueva realidad de la familia nuclear permite que el abuelo vaya poco a poco sintiendo o percibiendo que tampoco en ese ámbito su presencia sea tan necesaria. No es raro, por lo tanto, que algunos (quizá muchos) ancianos sufran la experiencia de vivir su autoestima en serio menoscabo.
















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