Yoelego - Capítulo. VI

Enviado por Willi Kaufmann Cabiol el 11/03/2008 a las 13:19
Willi Kaufmann Cabiol
(autobiografíperfección 2a egoautoautorizada por mi mismo de YO MISMO)

Capítulo VI – Virtud Nº. 1 - La perfecta y perfectible Perfección.

La Perfección es una de las nueve virtudes que según mi más encarnizado adversario de todos los tiempos, al que Uds. denominan graciosamente “El Eneagrama”, ha destacado como una de los nueve dones fundamentales que caracterizan la personalidad y determinan el comportamiento de los terrícolas.

El perfeccionismo ha sido nominado como la virtud Nº 1, aunque para el Eneagrama no hay una jerarquía entre ellas, (para Yoelgo tampoco..jaja!) . ¿Para quién no es atractivo que sus congéneres le admiren por su búsqueda incesante y constante de la perfección? ¿Cuántos pergaminos, títulos, medallas, premios, condecoraciones, diplomas se pueden alcanzar mediante el empinado camino hacia la coronada cumbre que destaca al Primero y Mejor, entre los mejores? Ser el mejor alumno, profesor, ingeniero, jardinero, arquitecto, soldado, escritor, pintor, cantante, actor, ¡futbolista!, etc., (incluido el “Mejor Etcétera”, obviamente), no es tarea menor. Severa y exigente virtud que a todo humano le llena de las más profundamente internas y elevadamente externas sublimes satisfacciones, y para mí, uno de mis preferidos y mejor condimentado caldo de cultivo para que El Ego se manifieste, crezca y se desarrolle vigoroso en el más completo anonimato y rodeado de complacencias y alabanzas sin fin.

Si yo me atreviera a pregonar: ¡vengan a mí todos los perfeccionistas del mundo, que para Uds. tengo preparada mi más astuta trampa!, me tildarían de suicida. ¡Como puede ocurrírsele al tontito de El Ego, que los eternos buscadores de la perfección puedan ser apresados en sus redes y atrapados en sus tentáculos!.

He ahí justamente el éxito de mi estrategia… no se les pasa por la mente, ellos están tan ocupados en hacer siempre todo cada vez mejor, que vengo Yoelgo y les aliento a que persistan aún más en su objetivo, que no desmayen, que sean constantes, que no se dejen vencer, que no se dejen tentar por el malulo que les dice: aflojen muchachos, está bueno ya, ¿no ven acaso que su obra es perfecta?, ¡paren ya!, si ya no hay más galardones, honores ni cumbres más altas. Mi llamado a su perfecta consciencia gana por goleada. Ellos los perfeccionistas me siguen como mansos corderillos. ¿Y cual es mi ganancia? Muy simple, perseguir la perfección hasta el infinito, les hace caer en la trampa de no sentirse jamás satisfechos, de vivir en una eterna frustración que les produce una rabia enorme contra ellos mismos y les amarga la vida a los demás. Al irse percatando de su imperfecta conducta, se van retroalimentando de más y más ira y su soñada utopía de ser perfectos se hace trizas frente a sus ojos. Y como si todo esto fuera poco, la anhelada y soñada obra perfecta jamás se realiza. O sea que Yoelgo los paralizo. Revisan una y otra vez, borran y pasan en limpio, rompen y empiezan de nuevo, mejoran y mejoran lo ya mejorado, pero que nunca será lo suficientemente perfecto como para satisfacerles su egote, mimetizado con su pasión por la perfección. Sus perfectas intenciones se momifican para la posteridad. Yoelgo he triunfado y los perfeccionistas han sido derrotados. (continuará, no se pierda el capítulo 7, viene perfecto)

 

Etiquetas:

Este tema me gusta

Enviado por el 12/03/2008 a las 9:18
Rebeca Tiquer Drullinsky
Nuestro ego es tal, que siempre esperamos el reconocimiento por lo bien que hacemos todo, la realidad nos demuestra que hay otros que lo hacen bien y hasta mejor que nosotros.

Ahí el ego sufre una enormidad, porque como es posible que me ganen si soy tan macanuda.



Comentarios de este artículo en RSS