Sí me asusta morir, lo reconozco.
El pasar a ser nada en un momento.
Porque nadie ha venido a relatarme
que hay un Dios, que es verdad que existe un Cielo.
Y esa duda persiste desde siempre,
nadie sabe si es falso o si eso es cierto.
Sólo queda la fe y ése es el cabo
al que todos se aferran, sólo a eso.
Siempre ha sido el consuelo de los hombres,
amarráronse a él nuestros abuelos.
Mas si existe después otra existencia
eso es cosa que nunca lo sabremos
hasta el día, fatal, en que nos llegue
el momento preciso de saberlo.
¿Naceremos, quizás, a nueva vida?
¿Quedaremos, por siempre, ya en silencio?
Es la muerte, sin duda, aunque en Dios creas
un enigma terrible, un gran misterio.
Solamente pensar que habrá un mañana
en que, tras nuestra muerte, habrá otro tiempo
es la idea que aviva nuestras fuerzas,
la que alienta y da vida a nuestros sueños.















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