|
|
|
Seamos francos, es verdad que la ciencia por intermedio de la tecnología fabrican productos que nos
hacen la vida más cómoda, que nos salvan la vida cuando enfermamos, que
nos permiten transportarnos a largas distancias, que nos permiten
comunicarnos con otras personas sin movernos, que producen energía o
riquezas… Estas son las razones gracias a las cuales se consigue
financiación y reconocimiento. Pero lo que motiva al verdadero
científico (un subconjunto de todos los científicos) es que, en el
fondo, lo único que quiere saber es qué somos, de dónde venimos y adónde
vamos.
Desde el estudio cosmológico del Universo al estudio de los fósiles de
los primeros tetrápodos lo que se desea es contestar a algunas
preguntas: ¿qué nos hace humanos?, ¿qué nos diferencia de los demás
animales?, ¿cómo funciona nuestro cerebro y qué tiene de especial?, ¿qué
es lo que nos proporciona la capacidad del habla?…
Un resultado reciente trata precisamente de contestar a esa última
pregunta. Desde que se secuenció el genoma del ser humano y el del
chimpancé (la especie más cercana a nosotros) y se sabe que compartimos
la inmensa mayoría de los genes, se han planteado diversas preguntas
sobre la esencia humana. Sólo una pequeña cantidad de diferencias nos
hace humanos.
¿Por qué un chimpancé no puede hablar? No nos referimos obviamente a la
capacidad fonadora de la garganta, sino a la capacidad mental de
procesar un lenguaje. De algún modo nuestros cerebros se desarrollan de
tal manera que obtenemos una capacidad innata para el lenguaje, cosa
que no les pasa a los chimpancés.
Este último estudio relaciona a un simple gen con la capacidad humana
del lenguaje, gen que está también presente en los chimpancés, pero no
con la misma secuencia genética.
Los científicos han sospechado desde hace tiempo que este misterio debe
de estar relacionado, al menos en parte, con el gen FOXP2. Cuando este
gen se presenta en una forma mutada altera profundamente la capacidad
del habla en humanos. Investigadores de la Universidad de California en
Los Ángeles revelan cómo funcionan las dos diferentes versiones de este
gen en humanos y chimpancés, y explican parcialmente por qué la
capacidad para el lenguaje es única en humanos.
El estudio proporciona pistas sobre la evolución del cerebro humano y
además quizás sirva para el desarrollo de fármacos contra las patologías
que afectan al lenguaje en humanos como en el autismo o en la
esquizofrenia.
En estudios anteriores se sugería que la secuencia genética de FOXP2
cambió rápidamente en el tiempo en el que el lenguaje apareció por
primera vez en humanos. Este estudio es el primero en examinar el efecto
de estas sustituciones en FOXP2 en las células humanas. Muestra que las
versiones de FOXP2 en chimpancés y humanos no solamente parecen
diferentes, sino que funcionan de manera diferente. Aunque la versión
humana del gen sólo presenta dos pequeños cambios en su secuencia
respecto a la versión del chimpancé, su efecto es dramático. Recordemos
que algunas veces se pueden dar sustituciones en un gen de tal modo que
la proteína codificada por él tenga la misma función y no haya
alteración en su funcionamiento, pero no en este caso.
En este caso esta diferencia permite que el cerebro humano se forme con
una circuitería especial para el lenguaje que no se da en los
chimpancés. Se debe a que FOXP2 no es un simple gen, sino que controla
muchos otros. A unos los activa y a otros los desactiva. En este trabajo
se ha estudiado qué genes son controlados por FOXP2 y de qué manera
afecta esto al cerebro humano. Para ello han usado una combinación de
células humanas y de chimpancés, así como tejidos posmortem cerebrales
de ambos. Se centraron sobre todo en la expresión de estos genes y su
efecto sobre sus genes blanco.
Para sorpresa de los investigadores se descubrió que las versiones de
chimpancé y humanas del gen FOXP2 producían efectos muy distintos sobre
los genes blanco en las células humanas. Un número significativo de
blancos identificados en este estudio se expresaban de manera muy
diferente en los cerebros del chimpancé y en humanos. Esto sugiere que
FOXP2 controla estos genes para que se comporten de manera distinta en
las dos especies. Nada menos que 61 genes son controlados por la versión
humana de FOXP2, frente a los solamente 51 de la versión del chimpancé.
La investigación demuestra que estas mutaciones ocurridas en FOXP2
fueron de vital importancia en la evolución del cerebro humano al
cambiar la función de muchos genes, cambiando en consecuencia la
actividad de muchos blancos genéticos en ese órgano. El lenguaje, por
tanto, no evolucionó desde la nada, sino sobre la modificación de
caminos genéticos que ya estaban presentes en nuestros antepasados no
hablantes.
Gracias a señalar qué genes son influenciados por FOXP2 se han
identificado un nuevo conjunto de herramientas para el estudio de la
regulación de la capacidad humana para el lenguaje a nivel molecular. El
descubrimiento proporcionará también pistas sobre la evolución humana
de la capacidad para aprender a través del uso de capacidades cognitivas
superiores, como la percepción la intuición y el raciocinio.
El efecto de FOXP2 no se centra solamente en la capacidad neuronal del
lenguaje, sino que además afecta a la formación y desarrollo de tejidos
blandos relacionados con el lado físico del habla y la articulación. Por
tanto, el protagonismo de FOXP2 en el habla es central.
Por último, como tanto en el autismo como en la esquizofrenia hay
problemas de lenguaje, esta nueva visión a nivel molecular quizás
permita arrojar luz sobre cómo estos desórdenes afectan la capacidad del
cerebro de procesar el lenguaje.
Obviamente las diferencias cerebrales entre humanos y chimpancés no sólo
se deben a la acción de FOXP2, sino además a la acción de muchos otros.
Pero puestos a filosofar y especular, ¿qué pasaría si se creara un
chimpancé transgénico con la versión humana de FOXP2?, ¿tendría
capacidad para el lenguaje?, ¿sería más humano?
También nos hace recapacitar sobre los sucesos azarosos, contingentes, que controlan la evolución biológica. Si no se hubieran dado en ese momento esas mutaciones sobre nuestros antepasados no hablantes, ¿qué habría pasado? ¿Se hubiese dado tarde o temprano? Quizás nunca lo sepamos. Puede que incluso haya posibles mutaciones hipotéticas que nos pudieran dar mayores capacidades cognitivas o nuevas capacidades que no podemos ni imaginar.
Fuente: http://neofronteras.com/?p=2898
















COMENTARIOS
hace 6 días
hace 6 días
hace una semana