"Yo El Ego”, (autobiografía egoautoautorizada por mi mismo de YO MISMO)
Capítulo II – El Ego... ¿Masculino o femenino?
En el capítulo anterior les conté sobre mi origen intergaláctico, en éste, quisiera despejar dudas sobre mi género. El problema es como hacerlo sin herir ningún ego (ni siquiera el mío). Si afirmo que Yoelego soy masculino estaría haciéndome eco del machismo ancestral que mayoritariamente imprega la cultura universal y que coronó al hombre como el ser superior y dominante de la especie. Si me inclino por definirlo como femenino, estaría alentando el feminismo extremo que para oponerse al machismo, paradójicamente busca identificarse con el opuesto que quiere destronar.
Solución ideal cada vez que se presenta este dilema es recurrir a la “madre” naturaleza, que siempre es como un “padre” para todas las criaturas. Allí nos encontramos por ejemplo con el pavo real ostentando envanecido el despliegue de su monumental cola para llamar la atención...¿de quién?. Ud. ya lo sabe, toda su parafernalia tiene un sólo objetivo: conquistar el tierno corazón de su pavita enamorada. El hombre, con mucho menos recursos naturales propios que el pavo, sigue al pie de la letra esta sabia lección pavina y despliega el más hermoso y colorido ramo de flores que pueda comprar (obviamente recurriendo al mercantilismo, su primera y última idea). El ego de la fémina que recibe tan significativo obsequio se eleva a la altura de las nubes y queda así por lo menos al mismo nivel del ego del seductor galán. ¿Quién salió ganando con todo esto? –"Yoelego" por supuesto y la cadena productiva-comercial que nace con el humilde campesino que cultiva las flores, por las cuales recibe cuatro chauchas, sigue con el mayorista que abastece las florerías, que algo más agarra y el o la florista que pega el palo fuerte y además retroalimenta su propio ego. El o ella, florista al fin, sentirá que lo suyo no es un negocio, sino que un puente dorado que permite contribuir al triunfo el amor y la reproducción de la especie.
¿Cabe entonces cuestionarnos, por qué decimos El Ego o no
















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