Biología de la Religión: Que dice la Ciencia sobre la religiosidad humana

Enviado por Fernando A. Frías González el 02/01/2011 a las 2:27
Fernando A. Frías González

1293945681952-Sin_t_tulo.jpg

Si bien la Ciencia no investiga sobre la existencia de algún dios, si le interesa averiguar porque la religiosidad es común en todas las culturas. No se pretende, con estos estudios, conocer el más allá, por el simple hecho que esta fuera de la experiencia, por ejemplo; ni siquiera sabemos de un estado posterior a la muerte que permita tener una consciencia (¿los software pueden existir fuera de un hardware?). Sin embargo, desde fines del pasado siglo ha habido un desarrollo rápido del estudio de la religión como un fenómeno natural, de tal modo que temas como dios, el alma o el pecado puedan ser tratados dentro de la ciencia, y quizás explicar cómo sus bases biológicas surgen a partir de la evolución de la mente humana. Por tanto, la religión estaría sujeta al escrutinio científico, como también lo están otros aspectos psicológicos y sociales humanos.

En reuniones para debatir sobre este tema, desde bases naturales y darwinianas, de las creencias y comportamientos religiosos. Diferentes expertos en Psicología, Biología, Política, Filosofía y Antropología llegan a una conclusión preliminar que la creencia en el más allá es un subproducto inevitable de la consciencia humana.

Distintos investigadores señalan el paleolítico medio, hace al menos 120.000 años, cuando Homo sapiens y el Neandertal, hicieron algo que a ninguna otra especie se le había ocurrido antes, comenzaron a enterrar a sus muertos en lugares rituales. Los expertos consideran que, presumiblemente, es un subproducto del incremento del prosencéfalo, en concreto, del córtex prefrontal. Dicha región cerebral, que se ubica en el lóbulo frontal, esta relacionada con los recuerdos biográficos, la planificación, la valoración y el control de los impulsos. Nuestra capacidad de reflexionar sobre la propia vida arroja la pregunta sobre su significado. Por ello, en todas las comunidades religiosas conocidas, se vinculan también las enfermedades y las desgracias a relaciones inarmónicas con agentes sobrenaturales. Por ello, se tiene la esperanza de cambiar la situación mediante, rituales, danzas u oraciones. Los humanos que envían estas señales de fe a un “observador sobrenatural” experimentan más confianza y cooperación reciproca. Este autoengaño psicológico, ofrece pruebas difíciles de ignorar, sobre los efectos beneficiosos sobre la salud humana de la religión.

Hoy, se celebran rituales funerarios en todas las culturas, incluso los movimientos decididamente ateos los realizan. Lenin y Mao tienen un culto verdaderamente religiosos y sus seguidores los perpetúan en citas y en imágenes e incluso tienen grandes y lujosos mausoleos. Todo esto lleva a preguntarse ¿supuso la preocupación por los muertos el inicio de la religiosidad humana?

Los antropólogos Franck Marlowe y Colette Berbesque, de la Universidad estatal de Florida en Tallahassee, investigaron si las creencias en espíritus y dioses tenían alguna relación con la densidad de población. En efecto, las culturas de grupos más reducidos y emparentados suelen llamar a sus deidades “ancestros” o “antepasados”, con el incremento de la población comienzan a aparecer dioses especializados, existe el dios de la guerra, del comercio, del amor, etc. En las culturas urbanas, como la nuestra, donde solemos relacionarnos y cooperar con extraños, se da el dios único, el que todo lo sabe y todo lo puede.

Hoy en día se discute el sentido o sinsentido de la religión, tenemos grupos religiosos y creacionistas que atacan con su “diseño inteligente” la teoría de la Evolución. Por otro lado tenemos a los nuevos ateos, como el zoólogo británico Richard Dawkins que difama toda forma de fe religiosa. Lejos de estas discusiones mediáticas existe un grupo de científicos que tratan de indagar las raíces biológicas del comportamiento religioso.

Desde el año 2003 a través de varios experimentos originales intentan ver como surge la fe en “observadores sobrenaturales” que influyen en la conducta de los individuos.

Estos experimentos permitieron descubrir, tanto en niños como en jóvenes, una mejora en su comportamiento cuando se les dice que son observados por seres invisibles o están en la presencia de espíritus. Incluso, estos experimentos funcionan por igual en niños y jóvenes de familias creyentes como laicas.

En los niños existe una creencia intuitiva de una vida sobrenatural. Es decir, la religiosidad tiene una fuerte componente genética, que gracias a la influencia de la educación y el ambiente se manifiesta. Esto esta corroborado con el estudio de gemelos univitelinos. Ahora la pregunta es ¿por qué?

A modo crítico parece una adaptación evolutiva errónea, ya que es una actividad costosa, entonces cuales serían sus ventajas. El antropólogo Richard Sosis de la universidad de Connecticut, comparo el año 2003 la conducta de miembros religiosos y laicos de las granjas agrícolas israelíes en régimen de cooperativa (kibutzim). A través de un juego, los investigadores midieron el grado de confianza mutua y de colaboración recíproca. Sosis y sus colegas comprobaron que los judíos ortodoxos colaboraban de manera visible con más confianza y corrían riesgos más altos que los no religiosos. Además, en este juego los varones creyentes se mostraban más exitosos que las mujeres creyentes. Los investigadores asumen que este resultado se produce porque los varones rezan en público en la sinagoga, en cambio la religiosidad de las mujeres se manifiesta de manera privada. Otro modo de notar diferencias, es que los kibutzim laicos se encuentran en peores condiciones económicas. Es decir, la religiosidad serviría para fomentar la confianza y el compromiso dentro del grupo. Si un individuo está dispuesto a ir a misa, pagar dinero a su iglesia, bautizar a su hijo entonces los demás creyentes asumen que es uno de ellos y pueden confiar en el.

Otros experimentos de los psicólogos Ara Norenzayan y Azim Shariff, de la Universidad de Vancouver, confirmo el profundo anclaje de las normas intuitivas de comportamiento que se orientan según instancias “superiores”. Así, el 2007 examinaron como los probandos, después de solucionar una adivinanza, compartían complacientes con otros sujetos una ganancia de 10 dólares. Si en el acertijo se mezclaban con disimulo conceptos cuyo origen procedía de divinidades antiguas o palabras explícitamente religiosas, esto ocurre con independencia de la comunidad de fe a la que pertenecieran los probandos.

Los resultados respaldan la tesis del antropólogo social polaco Bronislaw Malinowski, quien ya en 1935 escribió que los seres humanos en cualquier parte del mundo veneran, sobre todo, a los antepasados y a los dioses como “guardianes” de las tradiciones. “Toda religión implica un premio a la virtud y un castigo al pecado”.

Desde el punto de vista de la Biología Evolutiva, para el éxito de un rasgo, como lo es la Religiosidad, es decisiva la frecuencia en la transferencia de los genes relacionados de generación en generación. La evidencia global apunta a que las personas religiosas se casan antes, permanecen con mayor probabilidad unidas y tienen más descendencia que en el caso de sus semejantes laicos de la misma región, mismo nivel económico y misma educación.

Según la Biblia las primeras palabras de dios a los seres humanos fueron “Creced y multiplicaos”. Un factor que facilita esto es la ayuda que reciben por intermedio de servicios sociales y beneficios familiares, en especial en el ámbito de la educación y el cuidado.

No solo el número de hijos apoyan el desarrollo evolutivo de la religión, sino que también a una diferencia de género, ya que las mujeres de cualquier religión, suelen ser mayoría y se comprometen con mayor ímpetu en la fe, a pesar de ser los hombres los que reclaman para si los papeles religiosos más importantes. El psicólogo evolutivo Harald Euler, quien el año 2004 atribuyo esto a la “selección sexual”: las mujeres valoran la religiosidad como indicador de buena salud y confianza en una potencial pareja; los hombres la usan como oportunidad para mostrar del modo más ventajoso posible cualidades como la fidelidad, el sentido de familia y responsabilidad.

Según una encuesta en los Estados Unidos, el año 2007  efectuada por el organismo independiente Pew Research Center, un 46% de los ciudadanos mostraba reparos frente aun candidato mormón y un 46% en caso de uno musulmán u homosexual, en cambio subía al 63% si el candidato no creía en absoluto en un dios.


Se demuestra que hay una ...

Enviado por el 14/04/2011 a las 16:37
Antonia Frias

Se demuestra que hay una necesidad natural de buscar en cualquier fe un apoyo, sobre todo una ilusión de justicia, que permita seguir viviendo y soportar las vicisitudes y desgracias que se presentan.

Es natural que la gente se agrupe en la masonería, el vudú o en cualquiera de las creencias tradicionales, aunque también se inventen nuevas versiones "mejoradas o actualizadas" de las antiguas. Se supone que una persona religiosa que siga los reglamentos de su fe que le obligan a respetar al prójimo, podría ser más confiable para otro, a pesar de que es un error manifesto.

Los grupos se ayudan mutuamente y si en el siglo 21 ya los modelos están caducos o han sido barridos de la práctica, surgen otras creencias que unen ingredientes de varias religiones para conformar una nueva y resurge la fe en creencias olvidadas, como la religiosidad de los pueblos aborigenes, los templarios o los fetiches chinos para la suerte.

La mayor ilusión es la vida después de la vida y es también el mayor anzuelo de las religiones, creadas como respuesta a una búsqueda de algo que esté más allá del horror de una cadena alimenticia sin sin.


Comentarios de este artículo en RSS