Alza de embarazos en la zona del terremoto desatará "baby boom" en los próximos meses

Enviado por JULIO FUENTES CHAVARRIGA el 22/11/2010 a las 22:35
JULIO FUENTES CHAVARRIGA

A nueve meses del 27 de febrero comienzan a nacer los hijos concebidos tras el desastre:

René Olivares

El próximo sábado se cumplen nueve meses desde el terremoto del 27 de febrero.

Una noche que fue de muerte y destrucción para cientos de familias chilenas comienza lentamente a desembocar en vidas nuevas, como lo demuestran las cifras oficiales, que proyectan un "baby boom" durante los próximos meses.

A partir de entonces, comenzarán a nacer "los hijos" del terremoto, una de las reacciones esperables de la población para el período posterior a los grandes desastres, según los expertos.

En el Servicio de Salud Talcahuano, que incluye al puerto y algunas de las localidades más golpeadas por el desastre como Caleta Tumbes, Hualpencillo y Dichato, entre abril y septiembre de este año se incorporaron 1.709 mujeres al programa de control del embarazo, cuando en el mismo período del año pasado la cifra fue de 1.596.

Sólo en el mes de agosto se sumaron 273 mujeres al programa, casi 50 más que en el mismo mes de 2009. Y eso que las estadísticas sólo cuentan a las personas que tienen más de 14 semanas de gestación. Es decir, todos estos bebés fueron concebidos con posterioridad al terremoto.

El fenómeno es reconocido por el ministro de Salud, Jaime Mañalich, quien explica que "hemos constatado un notorio aumento de las consultas obstétricas en la zona más dañada por el terremoto". En efecto, el mismo fenómeno se registra en el Servicio de Salud O'Higgins, donde entre abril y septiembre de 2010 ya se registra una tendencia al alza, acentuado durante los últimos dos meses, donde se cuentan 164 embarazos más que el año anterior.

Las autoridades de salud ya toman nota del asunto para acentuar los programas de protección a la infancia en estas zonas y así hacer frente al aumento, que es contrario a las tasas decrecientes de fecundidad que hay en el país, que hoy es de 1,97 hijos por mujer, lo que está bajo el límite del reemplazo generacional, de 2,1 hijos por mujer.

Pero la tendencia al aumento de la natalidad tras un desastre ya ha sido registrada en otras oportunidades. A nivel nacional, los quinquenios de 1960-1964 (tras el terremoto de Valdivia) y de 1985-1989 (luego del terremoto de San Antonio) quebraron la tendencia a la baja sostenida de la tasa de natalidad, que comenzó con la masificación de las píldoras anticonceptivas en los años sesenta.

Tras el sismo de Tocopilla, en 2007, se cuadruplicaron en la ciudad el número de nacimientos (ver infografía).

En Haití, en tanto, ya está constatada una situación similar tras el terremoto de enero de este año.

La explicación para este fenómeno, según el doctor en sociología de la U. Central Carlos Livacic, es un reordenamiento de las prioridades de la gente, que suele volverse más permisiva, y donde cobra relevancia el instinto de supervivencia.

"Un embarazo se toma como una buena noticia tras el nivel de desastre que vivieron, porque el concepto de planificación como tal sufre un cambio, una variación de las prioridades, que en otras circunstancias habrían influido", explica Livacic, y enfatiza en que "esto no quiere decir que los niños que vienen sean indeseados. Es más, yo creo que todo lo contrario".

 Esperando en aldea de emergencia

TALCAHUANO.- En agosto pasado, Soledad Muñoz Ulloa (23) se mudó al campamento El Morro de esta ciudad y en medio del alboroto del cambio anduvo con sus anticonceptivos perdidos por cuatro días. Ya no los necesita, porque tiene casi cuatro meses de embarazo.

"No estaba planificado, porque para el terremoto perdí una guagüita de seis semanas, pero ahora lo veo como una esperanza dentro de todo lo malo que hemos pasado", dice la joven.

Será su segundo hijo, que se sumará a una niña de seis años. Y pese a que la noticia la tomó desprevenida y la complicó, hoy la ve como "una señal de una nueva vida para todos nosotros", asegura.

Soledad ha pasado su embarazo en una aldea de emergencia, "donde las comodidades son más o menos no más, porque hay que salir al baño afuera y compartirlo con otras familias".

Su mediagua la amplió a dos pisos, para dar mayor espacio y comodidad a sus hijos. "La guagüita va a nacer acá y, al menos, ya forré la pieza y tiene su cuna. No he pintado las paredes, porque aún no sé qué va a ser", agrega.

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