¿Adónde fue mi amor, tras de una estrella
errante que alumbrase su Destino?
¡Pues pobre luz que tuvo en su camino!
Que rápida y fugaz, como centella,
brilló por una vez; pero tras ella,
girando en alocado torbellino,
cual daga florentina de asesino
su filo le causó profunda huella.
No volveré a querer, que fue bastante
el daño que infirió tal puñalada.
Murió de esa manera la arrogante
manera de soñar que tanto agrada
al joven cuando tiene por delante,
o piensa que la tiene, la jornada.
Que nadie tiene nada,
aun mozo, asegurado en esta vida.
La Muerte, por igual, a nadie olvida.















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