Del baúl de mis recuerdos extraigo uno que me hizo muy feliz. Ocurrió en una Navidad de hace más o menos !55 años atrás! cuando mi padre, que realmente podría perfectamente representar la figura del Viejito Pascuero, ya que era eso, viejo (a lo menos para mi, ya que se casó teniendo 59 años y cuando yo nací tenía la friolera de 63 años) y en ese momento alrededor de 70 años, era de tez muy blanca y gordo como Santa.
En esa ocasión en nuestra casa no habíamos hecho el árbol de Navidad y yo estaba muy triste porque en casa de todos mis amigos del barrio había uno, aunque fuera muy pequeñito y con pocos adornos, pero en general todos lo comentaban alegremente y al saber que yo no tenía uno, algunos se burlaron de mi, diciéndome: tus padres son tan pobres que ni siquiera pueden tener un árbol de Navidad.
Cuando oscureció y estábamos todos jugando en la calle y ya casi olvidadas las ofensas, sentimos un sonido extraño que aumentaba a medida que un inmenso pino natural se acercaba hacia nosotros, literalmente arrastrado por !mi papá!. El sonido lo producían cientos de nueces amarradas al pino, que a medida que avanzaba se iban desprendiendo y todos mis amigos regocijados recogiendo. Fue el árbol más lindo e inolvidable de mi vida. Gracias papá.
Una Feliz Navidad a todos ustedes.
Luis Azzarelli D.
















Que mal me siento
Al leer tu hermoso recuerdo, ya que este año no hice el árbol de Navidad, es la primera vez que no lo hago y tal vez era tan importante para mis hijos como lo fue para ti y tendrán un mal recuerdo por mi culpa, por no tener ganas ni entuasiasmo, ya que estaríamos los tres solitos en esta Navidad.
Gracias, porque me hiciste pensar en esto y desde ahora en adelante no habrá navidad sin árbol ni pesebre.