Almuerzo de ex alumnos del L de A

Enviado por Jorge Hernán Espinosa Gutiérrez el 08/11/2010 a las 13:47
Jorge Hernán Espinosa Gutiérrez

Tengo el honor de organizar anualmente  el almuerzo anual de agresados del Liceo de Aplicación que se realiza todos los años, en el primer sábado del mes de noviembre en el casino de la piscina del Club Hípico de Stgo.
Doy a conocer a  ustedes tema expuesto por un activo adulto mayor  aplicacionista


El liceo de aplicación de frente al bicentenario:
Resumen sobre su siembra pedagógica y los frutos ciudadanos conseguidos.
Germán Pequeño Reyes.


Si bien es cierto que el Liceo de Aplicación de las Actividades Pedagógicas nació cerca de los días dramáticos alrededor de la Revolución de 1891, esos inicios se encuentran más próximos al primer centenario conmemorativo de la independencia de Chile, que a los inicios de la República. Por eso Chile, al conmemorar su Bicentenario independentista, encuentra al Liceo con alrededor de 118 años de vida.
En esta vida liceana, podemos decir con sano orgullo, que el país se ha beneficiado enormemente con la labor del establecimiento que tantas generaciones ha formado. No solamente porque muchos de los ex –alumnos se han destacado brillantemente en la vida nacional e internacional, sino porque prácticamente todos han recibido una educación, más que una instrucción, que ha sido señalada por muchos como ejemplar y, por lo tanto, digna de ser imitada.
Los seres humanos somos nada más que un reflejo de la gran diversidad de vida, que existe en la naturaleza. Y en esa diversidad caben los más diversos caracteres, capacidades y conductas. Es por eso que debemos reconocer que, aunque resulte incómodo, es posible que una parte – probablemente muy minoritaria y talvez estadísticamente despreciable – pueda haberse distanciado de las buenas enseñanzas recibidas. Hay que aceptarlo como parte de las debilidades humanas. Pero lo importante, es que una enorme mayoría, reconoce en el Liceo a la casa de estudios que puso los pilares de su personalidad, conocimientos básicos, valores cívicos y otros aspectos de la formación humana que han sido fundamentales para su desempeño en la vida. Y no podría ser de otro modo, pues como lo hemos comentado en otra de nuestras apreciadas reuniones, el Liceo de Aplicación ha contado con Profesores de la más alta calificación, en las distintas asignaturas impartidas a través de los tiempos.
Estos Profesores, desde los inicios de las actividades del Liceo desarrollaron su vocación por la Educación, la Pedagogía y las materias que han hecho de su elección especializada, una pasión verdadera. Pero, más allá de eso, hubo otros elementos que permitieron cimentar una verdadera mística, que ha sido como una férrea amarra que une a los ex-liceanos, ya fueran Profesores, alumnos, funcionarios o incluso apoderados.
Al son de estas ideas, podemos preguntarnos ¿ cuales fueron esos elementos , más allá de la vocación y de las responsabilidades asumidas por los maestros ? ¿ Cuales fueron aquellos elementos que constituyeron contrapartida coherente con las necesidades y deseos de padres y apoderados ? ¿Cuales fueron aquellos elementos que en su tiempo fueron reconocidos como convenientes de desarrollar en la juventud, para su bien y el del futuro de la Nación?
Podríamos enunciar una  lista nada breve. Sin embargo, parecen imponerse algunos elementos valóricos, que cualquiera de los egresados podría reconocer con facilidad. Ensayemos la siguiente secuencia, sin que en ella exista un orden de jerarquía o importancia.



1.    Responsabilidad. En el Liceo de Aplicación, el concepto de responsabilidad se ejercitaba en todos los ámbitos y tiempos: en la llegada puntual al colegio, en el ingreso a la sala en cada período de clases, en el cumplimiento de las tareas diarias, en la entrega participativa de torneos deportivos, artísticos u otros, etc. El sentido de responsabilidad venía no solo en el discurso de los Profesores, sino también en su comportamiento y en la contraparte organizada que le correspondía a los padres y apoderados. Ese sentido de responsabilidad excedía con holgura las puertas del Liceo, pues alcanzaba hasta la conducta en el transporte público, cuando recordábamos ofrecer el asiento a adultos mayores. Hoy escuchamos muchas quejas, respecto de une especie de irresponsabilidad colectiva, que aqueja no únicamente al estudiante joven de nuestra sociedad, sino que también alcanza a muchos adultos. Aquí habría que preguntarse ¿como anda la Educación chilena en estas materias?


2.    Respeto. Este es un concepto derivado  de una conducta innata, natural, resultante del reconocimiento a la legítima autoridad que pueda poseer o ejercer un individuo. Por ejemplo, cuando un alumno hace una brillante disertación oral, gana el respeto de sus condiscípulos; cuando un artista se luce en alguna interpretación teatral, no solo adquiere fama; también alcanza respeto. Los estudiantes aprendieron a respetar a los maestros que, al margen de humanas y naturales falencias, eran guías importantes en la vida. Los estudiantes aprendieron a reconocer la diversidad de personas que había dentro de cada curso y el derecho que tenía cada uno a ser como es, sin importar religión, raza, ideas e incluso comportamientos poco comunes. El respeto ha sido un valor de inestimable cuantía, que está en parte de la base que mantiene unidos a los ex-alumnos prácticamente hasta su alejamiento del mundo.


3.    Honestidad. Para algunos sinónimo de honradez. Es otro valor pregonado por muchos Profesores del Liceo y puesto en práctica en la vida liceana, en diferentes circunstancias. Lo era al rendir pruebas escritas, al dar cuenta de la tesorería del curso, al enfrentar como testigos situaciones conflictivas intramuros o en muchas otras circunstancias. Como hemos dicho, es muy posible que algunos se hayan apartado de la honestidad, pero parecen ser muy escasos, comparados con la gran masa. En todo caso, lo que es indesmentible, es que los maestros llevaban el mensaje de la honestidad hasta las aulas, desde los ángulos más variados, que la didáctica podía permitir. De modo tal que, el acercarse a la deshonestidad, no se debe a una inocente conducta por desconocer su significado y oscuros designios.


4.    Dignidad. Está vinculada con el respeto. Es una de las cualidades que posee un individuo desde su nacimiento y se debe cuidar no herirla desde ningún punto de vista, pues ello puede producir severas consecuencias en la psicología y personalidad de un individuo. A veces afecta a otros seres alrededor de una persona. La dignidad es el respeto y estima que una persona tiene de sí misma y merece que se lo tengan las demás personas. Es también la cualidad de la persona respetuosa y seria, que no permite la humillación.  Al margen de las bromas habituales, siempre cada alumno tuvo su dignidad y ella le fue respetada. Incluso el Liceo, al hacerse las graduaciones para aquellos que terminaban sus estudios, entregaba una medalla con la inscripción “Sé siempre digno de tu Liceo”, con lo cual sellaba su mensaje con respecto de este valor.


5.    Lealtad. Esta es la fidelidad al compromiso de defender lo que creemos y en quienes creemos, en los buenos y en los malos momentos. Lealtad significa fidelidad, franqueza, nobleza, honradez, sinceridad y rectitud. Es decir implica varias cosas muy preciadas. Sólo se es leal si se es fiel. Servir con lealtad es servir con la verdad por delante. No se es leal si se engaña, si no se dice la verdad o se dicen sólo medias verdades o se dice lo que agrada al líder o lo que éste desea oír; si se le esconden situaciones y hechos independientemente de las motivaciones que se tenga. La lealtad es el cumplimiento de aquello que exigen las leyes de la fidelidad y el honor. Es la firmeza en los afectos y en las ideas que lleva a no engañar ni traicionar a los demás. En el Liceo, la lealtad se jugaba en diferentes áreas, como por ejemplo el estudiar y compartir los conocimientos, lo cual solía ocurrir en pequeños grupos. También se ejercitaba en el deporte, por razones obvias. En los cursos superiores, tomaba relevancia en relación con aspectos más serios. Aunque existen claras definiciones que ayudan a comprender el concepto de lealtad, de nada sirven si no se lleva a la práctica su significado. Y eso lo hemos comprendido bien y tratamos de ser leales, con nosotros mismos, entre nosotros, con nuestro Liceo y con quienes prodigaron enseñanzas. Sobre todo aquellos que se han destacado por su amor al Liceo y aquí, es mejor no dar nombres pues son tantos, que el riego de olvidar alguno es demasiado alto.



Podríamos aún analizar otros valores, que estuvieron en nuestra formación liceana, pero estos pueden servir bien como ejemplos. Aquí es cuando reconocemos que es más importante formar que informar, es más importante enseñar a ser más, que a tener más. Y así, podríamos continuar.
Es muy importante que como ex-alumnos, con la experiencia que tenemos, hagamos ver estos pensamientos – si los compartimos – a quienes están hoy con el timón de la Educación en sus manos. La idea es que el sembrado pedagógico caiga en tierra fértil, porque la sociedad lo necesita y con urgencia. Se necesita con urgencia salir de la mediocridad cultural y, sin perder el buen humor, hacer carne en nuestras personalidades, todos los valores que permitieron construir una sociedad más abierta, progresista, tolerante (pero no subyugada). El grupo de ex-alumnos que constituimos, es una muestra, sin aspavientos ni exageraciones, de cómo se ha podido conseguir un conjunto de hombres que han sabido encarnar los valores desarrollados por la pedagogía aplicacionista y que, modestia aparte, ha hecho y está haciendo aportes por un Chile mejor.
En la medida de nuestras posibilidades, debemos contribuir a que el Liceo continúe con esa siembra y siga proyectando los principios enseñados por Schneider, Johow, Mann, Silva Figueroa, Contreras y tantos otros. Si cualquiera de nosotros puede desarrollar una acción efectiva en ese sentido, debería contar con nuestro apoyo desinteresado y activo.
Muchas gracias.
Santiago, 6 de Noviembre 2010.

Comentarios de este artículo en RSS