Aporte educativo

Enviado por Jorge Hernán Espinosa Gutiérrez el 18/10/2010 a las 9:11
Jorge Hernán Espinosa Gutiérrez

De mi amigo profesor este tema que también nos invade. Cuidado
Qué sinvergüenzas

| 16 Octubre, 2010

Hace unos días, llegué a casa ya entrada la noche. Tenía que preparar un largo viaje profesional. Preparé la maleta, los papeles y el power point de la conferencia, localicé el pasaporte, algo de dinero, cené algo y me acosté ya muy tarde. Encendí la televisión y, repasando las diferentes cadenas (por cierto, me alarmó la cantidad de adivinos, de brujas, de tarotistas, de videntes y otros seres de extraño y diverso pelaje que pueblan la noche televisiva), me detuve en Intereconomía porque una bonita presentadora estaba dirigiendo un juego en el que ofrecía 18.000 euros por contestar una simple y aparentemente fácil pregunta.

- ¿Quién sabe el nombre de un ciudad española de nueve letras que coincide con el de una famosa orquesta?

En la pantalla se ofrecía una pista interesante. El nombre de la ciudad española empezaba por M y acababa en N. Y, entre ellas, las rayitas de las otras siete letras en blanco.

- ¡Por siete letras, tres millones de las antiguas pesetas!, decía la presentadora usando una deleznable expresión monetaria.

- ¿Nadie lo sabe? ¿Alguien que no esté durmiendo quiere llamar?, añadía, sorprendida de que el teléfono permaneciera en silencio.

En la pantalla se veía un cuadro de doble entrada con dieciséis letras entre las que se encontraban las que formaban el nombre de la ciudad y un teléfono negro. La mano de la presentadora sostenía el auricular haciendo el amago de que de un momento a otro iba a sonar y ella lo podría atender para entregar el generoso premio.

Pensé inmediatamente en la ciudad de Mondragón. Y, quise comprobar el engaño. El número, que resplandecía con una iluminación intermitente y que la presentadora repetía sin cesar era el 905505050, como se verá, fácilmente memorizable. Me dije, sabedor de que contenía una trampa: voy a llamar, voy a tocar con mis propias manos al gato encerrado. Supuestamente, al marcar, la presentadora tendría que levantar el auricular diciendo:

- Por fin, alguien ha llamado. ¿Conocerá el espectador la respuesta? Si es correcta, suyo es el premio.

Pero no, no sonaba el teléfono de la pantalla sino que respondía una voz que, a toda velocidad, decía el coste de llamada desde fijos y móviles (un euro con cincuenta, si mal no recuerdo, desde mi fijo) y te decía que volvieras a intentarlo, que estabas a punto de ganar, que era tu noche de suerte.

La presentadora insistía en la cuantía del premio y en la sencillez de la respuesta. Puso un reloj en pantalla que marcaba tres minutos mientras la presentadora invitaba a llamar. Pasaron esos tres minutos y no se acabó el juego. El relojito de marras apareció diez o doce veces. Mientras tanto, imagino, llamadas y más llamadas de los ilusos y codiciosos jugadores y jugadoras. ¿Cómo es posible que se mantengan esas trampas tan clamorosas, noche tras noche?

Dio como tope las tres y media. Pasó esa hora con creces. Y el juego seguía. Aumentó la cuantía a 20.000 euros y luego a 22.000. Y luego añadió un extra de 500 euros, enseñando un billete de esa cantidad en las manos. La presentadora fingía un diálogo con la producción del programa que acababa siendo ridículo. Un engañabobos absolutamente elemental..

Dio más pistas: otra letra era la G. Y la colocaba en su correspondiente lugar. Las tres primeras eran MON. Por si quedaba alguna duda dio el nombre del artista y cantante Javier Gurruchaga, ligado a la orquesta Mondragón. Después la presentadora dibujó un dragón en una pantalla, para dar pistas. “La última parte de la palabra es un animal que echa fuego por la boca”, decía. Ya sólo quedaban tres letras. En definitiva, que era imposible fallar. Estaban preguntando por el color del caballo blanco de Santiago. Volví a llamar, y volvió a salir la voz acelerada que te invitaba a seguir llamando. “Es tu noche de suerte”. “Estás a punto de ganar”. “Llama de nuevo”.

Luego dijo la presentadora que había cinco líneas abiertas. Y poco después diez líneas abiertas. Como si el problema fuese de líneas. Al cabo de una hora de dilaciones llamó alguien desde Bilbao. Una tal Edurne. Dio la respuesta correcta. Sin dirección, sin comprobación, sin garantía alguna de que la llamada no fuera falsa.¿Quién garantiza que esos organizadores no preparan la llamada de un tío, de un sobrino, de un amigo o de alguien que está en el estudio? ¡Como para fiarse!

Qué robo, Qué mentira. Qué engaño. Qué timo. Qué sinvergüenzas. ¿Cómo no se denuncia este tinglado? Yo voy a dirigirme a la OCU para ver qué se puede hacer. Lo que se pretende (y se consigue, me imagino) es que se produzcan cientos y miles de llamadas inútiles para el que llama y muy rentables para el programa.

Claro que nadie te obliga a llamar. Pero no hay duda de que se trata de un negocio fraudulento. No hay duda de que el juego está sustentando en una cadena de trampas.

- No es verdad que nadie llame (y dicen que nadie llama)
- No es verdad que sea el último minuto (y dicen que lo es)
- No es verdad que si llamas te van a escuchar la respuesta (y lo dicen)
- No es verdad que suban el valor del premio porque nadie llame (y lo dicen)
- No es verdad que haya cinco o diez líneas abiertas (y lo dicen)
- No es verdad que la presentadora tenga la mano en el auricular para recibir la llamada (y lo hace)
- No es verdad el tiempo que dicen que va a durar el juego (y que reiteran y cambian a su antojo)

¿Cuántas llamadas se habrán producido durante el juego? Miles y miles. Hagan números. Es muy fácil. Me pregunto cómo hay gente que sigue y sigue llamando.

Estar educado es tener un buen detector de trampas instalado en la cabeza. Pero no sólo es eso. Estar educado es sentir un compromiso con la sociedad y hacer lo posible para que esas trampas disminuyan o desaparezcan. Si uno es capaz de descubrirlas conseguirá no caer en ellas, pero es preciso que nos duela que caigan en ellas los demás. La educación tiene un componente ético esencial. La educación no pretende solamente que cada uno viva mejor sino que podamos vivir juntos en un mundo justo, hermoso y habitable

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Yo hice

Enviado por el 18/10/2010 a las 22:55
Nelson Castro

el mismo intento pero con un canal chileno y efectivamente ante lo facil de la respuesta, contestaba una grabación sigue participando y las  llamadas NO ENTRABAN, que hubiera sido logico en caso que estuviera ocupado.

Tambien quise denunciar esta trama, pero mi Blog Nuevopolitico esta lleno de críticas que no tienen respuesta y me falta tiempo para las denuncias.

Atentamente:

Nelson Castro Q.

 


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