
Profeso la fe cristiana, soy católico y me formé con la mente abierta de un colegio jesuítico y desde siempre ha habido chistes sobre curas, rabinos, monjas y pastores, que solíamos contar hasta en los mismos retiros espirituales.
Creo
que exagerar mediáticamente el despropósito de una comedia, nos
recuerda el refrán que dice que “los cuidados del sacristán matarán al
señor cura”. Digo esto porque lo que habría sido un hecho menor e
irrelevante, se ha convertido en un tema de polémica nacional e
internacional a raíz de este llamado de atención del CNTV a Chilevisión,
toda vez que provoca el efecto contrario al que se busca con la medida,
ya que termina victimizando al canal que ha cruzado los límites
razonables de la sana convivencia.
No se trata de rasgar vestiduras como los fariseos frente a las rutinas del Club de la Comedia
que han hecho parodias sobre Jesús, quizás de muy mal gusto, talvez
burdas y con cero aporte más allá de su irreverencia, porque habría
bastado con hacer zapping para evitar el mal rato de un programa
grotesco. Hasta allí el tema habría pasado desapercibido, pero fue la
decisión del Consejo Nacional de Televisión de llamar la atención al
canal Chilevisión por esos monólogos o squetchs irreverentes y ofensivos
a Jesús, lo que puso en el tapete el tema de los límites que tiene la
libertad de expresión en el sistema democrático actual.
Esto ha levantado una polémica ideológica que se aleja y termina distorsionando la realidad
.
No se trata de caer en posiciones fundamentalistas de intolerancia
como las que emitió el mundo musulmán, cuando el ayatolá Jomeini, guía
de la revolución iraní y representante de Alá en la tierra, anunció en
1989 al mundo islámico que Salman Rushdie había sido condenado a muerte
por blasfemo como autor de la novela Versículos Satánicos, y pidió a los
musulmanes que le ejecuten allí donde le encuentren. Ni tampoco se
trata de generar una escalada de virulencia como la que provocó la
amenaza de quemar copias del Coran que hizo el pastor evangélico Terry
Jones, pastor de la iglesia Dove World Outreach en Florida, en el noveno
aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre. No se
trata de reflotar dogmatismos inquisidores que han sido reconocidos con
una tardía disculpa papal, 500 años después.
Se
trata de colocar en el centro de la discusión el principio democrático
básico que establece una clave de sana convivencia en la diversidad:
mis derechos terminan donde comienzan los de los demás.
Esa delicada frontera se transgrede cuando invocando el derecho a una
supuesta libre expresión un programa televisivo ha caído en ofensas al
credo de una amplia comunidad, que tiene el derecho a defender su fe.
Los que creemos en Dios y sentimos desde nuestra fe que Jesucristo, Dios
y Hombre, es un mensaje vivo para transitar esta dimensión terrena, no
podemos quedar apáticos si se ataca, en este caso con el arma aguda de
un comic, nuestra cosmovisión, nuestra religión. Es el mismo derecho
que le cabe a la autoridad cuando se la injuria o calumnia y es su deber
reaccionar por los mismos medios y publicidad, para preservar la
dignidad del cargo. Es el mismo derecho que tiene el Estado de exigir
que se respeten los símbolos patrios, como la bandera, el escudo y el
himno nacional. Son normas que ordenan el funcionamiento social y en lo
que se refiere a religiones y cultos, existe el precepto constitucional
que consagra la libertad de culto.
En
esa medida, la acción consciente del teleespectador cristiano sería de
reaccionar por sentirse tocado por una comicidad que desde una visión
agnóstica o atea banaliza y hace mofa de la vida, pasión y muerte de
Jesús y de los evangelios. El hecho concreto es que en el mundo de los
cristianos, católicos o evangélicos, existe una actitud dubitativa
frente a las tendencias que han ido empapando nuestros actuales estilos
de vida, llegándose a aceptar por su uso multitudinario, prácticas que
en rigor van rompiendo la escala de valores que postulan como guía moral
los credos religiosos.
Más
allá de pretender censurar el squetch irreverente, es necesario
defender con una actitud de vida consecuente los principios de la fe que
se profesa y esto debiera significar que los creyentes no resignaran
por omisión sus principios frente a la sociedad materialista,
individualista y hedonista en que nos desenvolvemos.
Callar
frente al modo de vida al que hemos llegado como sociedad es el
principal pecado de omisión de los creyentes. Cuando por comodidad, por
conveniencia, por entender que es un problema de los otros, no nos
involucramos con liderazgo en la conducción de la sociedad, cedemos ese
espacio a quien sí quiere profundizar su dominación alienando al hombre a
la codicia, al egoísmo, a la insensibilidad social de un sistema
materialista. Por otra parte, la invasión de visiones agnósticas en la
sociedad, ha sido tolerada porque quienes las promueven se han vestido
con piel de oveja tras preceptos libertarios, pero desde una visión
liberaloide, laissez faire, laissez passer, que va corroyendo los
pilares sustantivos de una sociedad sana, con personas dueñas de su
destino. Así, surgen las apuestas a despenalizar el consumo de drogas, a
promover o tolerar el consumo masivo de alcohol y el tabaco entre los
jóvenes, a darle a la precoz sexualidad adolescente la connotación de
una mera gimnasia, una exploración física alejada del amor trascendente,
que no involucre compromisos de pareja ni familia. Del mismo modo esos
liberaloides buscan legalizar el aborto más allá del terapéutico,
pretenden relativizar la institución del matrimonio como célula
heterosexual de la sociedad, llevándolo a uniones homosexuales; todas
éstas, tendencias que se visten de progresismo para enganchar la
sensibilidad juvenil.
La
voz de las iglesias es débil frente a estas tendencias y no se escucha
en forma categórica una propuesta a recorrer el camino difícil
, que
llame a la doctrina del esfuerzo, de la cooperación, de forjar familia y
comunidad, que nos permita superar el pecado social de concentración de
la riqueza. Y esta debilidad se evidencia en el ámbito de medios cuando
se observa la programación de canales que han sido de propiedad de la
Iglesia o de empresarios católicos, los cuales han seguido el ejercicio
alienante del pan y circo general, siendo funcionales a un orden mundial
dominante que busca una civilización con masas alienadas y consumistas,
siguiendo en su vida los signos materialistas que dan el poder y el
dinero. Es por ello que la posición cristiana que debiera reflejar la
voz del Cristo en el aquí y ahora, suena débil y con serias
inconsistencias, con espacios de farándula que contrarían lo que se
predica y que han causado en la niñez y juventud mucho más daño moral
que el que puede provocar un monólogo que exige una comunicación
medianamente inteligente y que llega normalmente a una elite de la
teleaudiencia.
La corrosión mediática a las bases de la fe cristiana es metódica y generalizada,
no se solucionará recurriendo con lobby de la jerarquía eclesiástica
ante el Consejo Nacional de Televisión, sino que requiere una actitud
comunicacional proactiva de cada cristiano como individuo, asumiendo con
honestidad y realismo el desgaste en credibilidad pública que ha
sufrido la religión por culpa del propio clero, por esas acciones de
pedofilia que se han destapado mostrando una podredumbre que se quiso
guardar por siglos entre cuatro paredes y que han estallado en las
últimas décadas con el impacto por todos conocido.
Superar
ese estado de ánimo de confusión, escepticismo, apatía, procurando
cambios al interior de la propia Iglesia para que recupere el respeto
social, son elementos que permitirían al cristiano defender con la
fuerza de su fe una visión de sociedad diferente, centrándonos en la
corrección autocrítica de los pecados sociales en los que estamos
involucrados por acción u omisión. Eso, pienso, sería mucho más profundo
como defensa de la fe y de Jesús, que querer colocar diques fácticos a
las voces irreverentes del arte, que transmite en el fondo una crítica
social.
Valparaíso, 8 de octubre de 2010.
















Defender a Jesús.
Don Hernan:Tal como usted, me eduqué en colegio católico y profeso la religion cristiana, pero ello no obsta para aceptar que se insulte en forma grosera y gratuita, la imagen de Jesus.
Sin perjuicio de lo anterior, es cierto ,que se hacen bromas, pero no de la forma como se hizo, ya que una cosa es tener libertad de expresion y otra es el LIBERTINAJE, o sea el exceso de ella.
Si en los retiros Espirituales, se habrían hecho bromas sobre esto, estoy seguro que han sido muy sutiles, ya que sé bien que los sacerdotes no habrían aceptado ofensas gratuitas de ninguna índole.
Por último, creo que no hay "que darle más luz al gas, " y este tema es mejor olvidarlo, porque cada persona tendrá su propia opinion y esa es en definitiva la que prevalecerá con las críticas que ello amerite.
octubre 13 de 2010, 17:10.-
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