¿Qué hacemos con los desechos radioactivos?

Enviado por Comentarista Urbano el 22/02/2007 a las 11:05
Comentarista Urbano

Una de las razones para decirle no a la energía nuclear surge a partir de la pregunta ¿qué hacemos con los desechos radiactivos? ¿Los enterramos en una isla, el desierto o la cordillera? Al parecer, a los parlamentarios les conviene esta brillante idea o realmente desconocen Chile, que tiene variadas formas naturales de producir energía. Casi todos los países con centrales nucleares han enterrado para siempre sus desechos a unos mil metros de profundidad, donde la roca los “contiene” durante gran parte de su existencia. Esto se llama Almacenamiento Geológico Profundo (AGP) y también se conoce como “cementerio nuclear”.

En la actualidad hay 440 reactores nucleares operando en el mundo. Dadas las actuales reservas, nos queda uranio para los próximos 50 años al nivel de consumo actual.

Tres razones para decir no a la energía nuclear:

1- La primera es que todas estas plantas, aun en su funcionamiento normal, contaminan. Sean cuales sean las ventajas que la energía nuclear pueda tener, estas se ven mermadas por el recuerdo del desastre de Chernóbil, en el que más de 200.000 km² y 6,7 millones de personas fueron contaminados por la radiación. A pesar de este gran impacto, a día de hoy aún existe controversia sobre cuáles fueron los verdaderos efectos de la explosión.

2- La segunda, sin excepción de modelo ni del lugar en que estén ubicadas, todas ellas afrontan la posibilidad de sufrir un accidente. Por ejemplo, recientemente Suecia hizo público que Chernóbil ha causado 849 casos de cáncer, a pesar de que no han ido acompañados de un aumento del cáncer de tiroides, el cáncer asociado a las víctimas de radiación. Dejando a un lado algunas controversias como esta, hay algunos hechos claros. Desde 1992, en Ucrania se han detectado 3.300 casos de cáncer de tiroides entre la población infantil -un numero 30 veces mayor al usual-, grandes extensiones de Bielorrusia continúan siendo zonas prohibidas y el subconsciente europeo permanece marcado a fuego por algo que no debe volver a repetirse. Los que apoyan la energía nuclear sostienen que esto es una reacción desmedida y que un desastre como ese jamás podría ocurrir en Europa hoy.

3- La tercera es que ningún país hasta ahora sabe qué hacer con los desechos generados.En la actualidad hay 440 reactores nucleares operando en el mundo. Dadas las actuales reservas, nos queda uranio para los próximos 50 años al nivel de consumo actual. El estudio del MIT estima que si construimos 1.000 nuevos reactores (lo que apenas representaría un trago ante la sed de energía mundial), las reservas se agotarían en 14 años. Incluso la mayor demanda de uranio que esto acarrearía no haría rentable intentar emplear mineral de uranio menos rico. En la práctica, menos de la mitad del uranio presente en la roca puede ser extraído, así que los que no alcanzan esta proporción son inservibles.

Esta producción es la más sucia, porque ya en funcionamiento normal contamina. En el entorno donde están las plantas, se incrementan diversos tipos de enfermedades. La más conocida es el cáncer. Sabemos que éste es multicausal. No se origina sólo por las plantas, pero es un hecho que se presenta en las personas que viven junto a ellas. Claro, esto no se considera para los costos de un kilowatt/hora.

Tampoco se considera que si en nuestro país tuviéramos que afrontar un accidente originado en una planta radiactiva -que esperamos jamás se presente- correríamos riesgos desde muy leves hasta catastróficos, como ocurrió en Chernobyl, Ucrania, en 1986. Incluso existen analistas políticos que consideran que fue uno de los factores que condujo a la desintegración de la Unión Soviética. Es muy difícil recuperarse de un accidente de estas dimensiones. Hoy la energía nuclear apenas representa algo más del 6% del total del consumo mundial de energías primarias. Acarrearía un esfuerzo insostenible y probablemente peligroso intentar producir mucho más de eso, para luego comprobar que el uranio se ha agotado y que aún seguimos conduciendo Cadillacs. La energía nuclear es un camino que mejor no debemos volver a tomar.

No hay economía, por lo menos latinoamericana, que resistiera esa situación. Salvemos nuestro país de quienes en vez de servir al país, se lo están sirviendo.

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